En la Universidad hay personas que trascienden cualquier cargo. Personas cuya presencia se siente, cuya ausencia se nota y cuyo recuerdo permanece.
Después de 13 años de entrega y servicio en la UCJ, Martitha deja mucho más que trabajo bien hecho: deja risas, cercanía, energía y una forma humana de acompañar a todos.
Con amabilidad, efusividad y una sonrisa constante, acompañó a docentes, alumnos y personal, convirtiéndose en un rostro querido y en un apoyo invaluable para toda la comunidad UCJ.
Hoy inicia una nueva etapa a través de su jubilación, un tiempo distinto que la vida le regala para disfrutar con calma lo construido, cosechar los frutos de tantos años de dedicación y permitir que el tiempo le devuelva todo lo que entregó con tanto cariño.
Gracias, Martitha. Esta universidad siempre será tu casa.
Con profundo cariño y gratitud,
Comunidad UCJ